LAS
FARC
SENDA DE CAMBIO REAL
EN COLOMBIA
Hacemos alusión especial a las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC), ya que, es sobre esta organización
político militar heroica que el imperialismo y sus
secuaces criollos; la oligarquía colombiana, están
descargando todo su arsenal en una nueva ofensiva de contrainsurgencia,
contención y represión generalizada, en el marco
de los denominados Plan Colombia y plan patriota.
Debemos indicar, no obstante, que igualmente mantienen su
encono con violentas medidas de persecución contra
otras fuerzas combativas de oposición, díganse
el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los
valientes del M-19 que todavía continúan luchando
en las montañas y las ciudades. Así como, hacia
diversas agrupaciones políticas de izquierda y liberales,
organizaciones por los derechos humanos, sindicatos obreros,
uniones campesinas, federaciones estudiantiles y un beligerante
movimiento popular amplio y plural, que se movilizan como
pueden, sorteando la agresión criminal de los aparatos
coercitivos y, el odio de una de las burguesías más
asesinas de la historia de América Latina.
Tenemos que hablar de una oposición real en Colombia,
que superando las más viles campañas militares
del ejército, cuerpos policiales, maquinaria de seguridad
y las repulsivas unidades paramilitares; atroces escuadrones
de la muerte, han logrado estructurar verdaderos contingentes
de liberación nacional, consolidar una fuerza política
sólida, establecer y ampliar una retaguardia, y liberar
extensos territorios de centenares de miles de kilómetros
cuadrados.
Ante todas las dificultades imaginables incluido el silencio
que se hace, de esa realidad, tanto con la negación
de información fidedigna acerca de los procesos políticos
y sociales, la guerra civil existente y de las propuestas
programáticas y objetivos ideológicos del movimiento
revolucionario colombiano, como desvirtuando la naturaleza
de las acciones y el carácter político transformador
del actuar táctico y estratégico del mismo,
la lucha por el cambio en Colombia se torna empinado y tortuoso.
Por supuesto, que el régimen de Álvaro Uribe
y sus adeptos, representantes de la plutocracia dominante
y cómplices de la artera ocupación y colonización
implantada por los Estados Unidos en territorio colombiano;
por un lado y, por otro, las agencias de propaganda de Washington,
de la Unión Europea y demás prensa perteneciente
al gran capital; premeditadamente imponen una “verdad
única” la del imperio, la de la oligarquía
doméstica y la de la corporatocracia internacional.
Acorde a su papel político conducente a perpetuar
el miserable orden capitalista, imponen la mentira, tergiversan,
tuercen y retuercen la verdad genuina. Nunca abordan la realidad
del pueblo colombiano tal y como es, ni presentan la confrontación
social y política de Colombia en su escala y nítida
dimensión.
Señalemos que con tan sólo el hecho de negarle
el espacio, de provocar adrede los silencios, de ponerle mordaza
a la voz de las FARC y de todos los colectivos contestatarios
y populares de Colombia, están incurriendo en un acto
que desenmascara a la oligarquía colombiana, al gobierno
de Uribe y al imperialismo, los pone en evidencia como los
enemigos de la justicia social, los estorbos de la paz y los
que atropellan los derechos humanos.
Con todos los mecanismos del poder en sus manos, están
en capacidad de manipular a parte de la sociedad colombiana.
Claro, los terratenientes, capitalistas, narcotraficantes,
la casta militar, la aristocracia política y las corporaciones
transnacionales, tienen plena conciencia política de
lo que hacen como clase hegemónica, manteniendo sus
privilegios y perpetuando la dictadura. Pero, arrastran junto
a ellos a una masa todavía inocente, sencilla e ingenua,
a la clientela electoral, a oportunistas, testaferros, advenedizos
y desafortunadamente a una franja social políticamente
ignorante y desinformada.
Con el paso de las décadas la oligarquía colombiana
ha sumido al pueblo en la violencia de la pobreza, el analfabetismo,
el hambre, el atraso, el sometimiento y un despotismo con
múltiples facetas de corrupción, ruindad, dramatismo
y brutalidad. A través de los años a la oposición
popular se le fueron cerrando las posibilidades de participación
política. El asesinato, el secuestro, la desaparición
física, la cárcel, la tortura y la persecución
generalizada, mostraron su gambox macabro.
A las organizaciones revolucionarias no les quedó
otro camino que optar por la vía armada. Con resolución
avanzaron combinando todas las formas de lucha como legítima
senda en su afán de resistir y alcanzar la emancipación
de su pueblo. Efectivamente, por más de 50 años
las FARC le han abierto un corredor a la salvación
al extenuado pueblo colombiano, vapuleado por tanta expoliación
colonial y neocolonial. Ese pueblo noble que ha sufrido la
explotación, el saqueo, la penuria y todo tipo de abusos
como resultado de la sistemática corrupción
y tiranía de las clases dominantes.
Como expresión en armas del Partido Comunista, pasó
a interaccionar coherentemente las distintas formas de guerra
irregular en las montañas y en el medio urbano, armonizándolas
con las luchas, la acción y la movilización
social. Definitivamente, las FARC se convirtieron en una posibilidad
para sobrevivir en un ambiente político donde expresar
opinión crítica, manifestar bandería
política o declarar pertenecía a una organización
de izquierda, popular y a los movimientos sociales es prácticamente
firmar la sentencia de muerte.
Las movilizaciones campesinas y las acciones de la clase
trabajadora, las tomas de tierra y huelgas obreras fueron
masacradas por el ejército, sufrieron las arremetidas
de los cuerpos policíacos y acabaron asaltadas por
los paramilitares. El pueblo colombiano organizado en procura
de sus demandas fundamentales, encontraron en las FARC un
respaldo de autodefensa legítima, un lugar para seguir
luchando por sus derechos y una esperanza para sobreponerse
a la impunidad.
Con las FARC el pueblo humilde de Colombia adquiere un instrumento
para continuar peleando y para que los crímenes de
la represión no queden sin castigo. Esa fuerza guerrillera
que logró vencer las arteras campañas militares
fraguadas desde los cuarteles y apoyadas por los marines yanquis,
creció y con el tiempo se transformó en un contundente
ejército popular. Se erige, de esa forma, una fuerza
militar y política integrada por decenas de miles de
hombres y mujeres que con dignidad y honradez empuñan
el fusil, la herramienta de labranza, el lápiz, el
libro, el bisturí y la palabra.
Se levantan el planteamiento programático, la faena
organizativa, el combate, la labor de agitación, la
tarea educativa y el trabajo productivo en las zonas liberadas,
en la batalla sin tregua por derrotar el orden económico,
social y político opresor. La intensidad de las acciones
se expande por la geografía rural y urbana, recuperando
tierras a latifundistas y compañías transnacionales,
limpiando territorios de la bota imperialista y rechazando
las incursiones sangrientas de las tropas del ejército.
Surca el horizonte el anhelo, la confianza y la expectativa
certera en la capacidad de responder y, que algún día
se terminará con tanto dolor y decadencia.
Las FARC se constituyen en una perspectiva tangible a partir
de su propuesta de construcción de una sociedad nueva,
basada en el bienestar colectivo, la autodeterminación
y la justicia social; único camino viable hacia el
alcance de la paz definitiva y una vida plena, feliz y virtuosa
para los pueblos. En el fragor de la batalla las FARC conquistaron
el espacio de oposición real y, se han modelado el
derecho y la legitimidad para exigir el cambio político
en Colombia. Es en ese hecho donde encontramos la causa de
la ira y de tanta saña con que la oligarquía
colombiana se abalanza, como perro rabioso, sobre las fuerzas
revolucionarias.
Álvaro Uribe y sus sayones intentaron asediar a las
FARC con una supuesta gestión de “buena voluntad”,
tramada desde Paris con participación del propio presidente
de Francia; el ultraderechista Nicolás Sarkosy, e inducir
la liberación de varias personalidades políticas
retenidas por la mencionada organización. Sin embargo,
la Comandancia General de las FARC no mordió el anzuelo
de esa celada, tendida con el objetivo de provocar una polvareda
propagandística con calumnias y calificativos, propios
del odio que ha caracterizado las campañas de las cúpulas
oligárquicas y del imperialismo, desatadas contra el
movimiento revolucionario.
La trayectoria de las FARC la han intentado enlodar con una
ficticia vinculación de su actividad al narcotráfico
y al terrorismo. Con esa suposición se tejen todo tipo
de falsedades y burdos embustes cuyo propósito es engañar
a las masas, pretendiendo esparcir una cortina de humo que
propague la confusión y haga vacilar al movimiento
democrático y revolucionario internacional, y de esa
manera, se le niegue solidaridad y el respaldo político.
Simultáneamente la oligarquía colombiana y sus
verdugos aparecen como los campeones de la paz y la filantropía,
argumentando razones para activar nuevas operaciones de contrainsurgencia,
auspiciadas por los planes intervencionistas del Pentágono.
El discurso oficial, siguiendo las directrices de los asesores
militares norteamericanos, continúa propalando toda
clase de mentiras y tildando a las FARC de forajidos, narcotraficantes
y delincuentes, difamaciones con los cuales pretenden borrar
su probado origen histórico, su justificado papel político
y su ostensible propuesta transformadora. A la usanza y el
estilo del imperio, arremeten colocando a las fuerzas combativas
de Colombia en el canasto del “terrorismo internacional”,
como enemigos de la paz, cual sectas del mal que atacan la
tranquilidad pública y privada, que hacen peligrar
el progreso de la libre empresa y son un riesgo para el mundo
civilizado.
Los tenebrosos expertos de Washington, diestros en artificios,
se inventaron el fantoche del “terrorismo”, en
sus laboratorios diseñaron una plataforma del terror
y trazaron la estrategia de la “guerra al terrorismo”.
Con una vasta práctica de conspiraciones, sabotajes
y complots contra los pueblos, los especialistas en hilar
un sistemático terrorismo de estado; los técnicos
de los servicios secretos de Estadios Unidos, los asesores
de la Casa Blanca y los oficiales del Pentágono, urdieron
una siniestra intriga para mostrar a los movimientos populares
y revolucionarios como pretendidos grupos de malhechores,
y la protesta social como acciones delictivas de facinerosos
dedicados a promover el desorden público.
De ahí, que registraran a las FARC en una lista donde
suelen anotar a las Agrupaciones y Estados “peligrosos”
que integran la “legión del mal” y, a su
mejor modo de “gendarmes” hasta le ponen un precio
a las cabezas de sus líderes. Hemos visto al imperialismo
desencadenando invasiones de castigo, ocupaciones preventivas
y todo tipo de agresión, injerencias y arbitrariedades
contra naciones de todos los continentes, en la muestra más
perversa de genocidio y terrorismo conocido en la historia
de la humanidad.
Las FARC en común acuerdo con Hugo Rafael Chávez
Frías, presidente de la República Bolivariana
de Venezuela, han puesto en marcha un proyecto para liberar
por razones humanitarias, a varias personas retenidas como
prisioneras de guerra o por secuestro. Los objetivos políticos
de la indicada acción unilateral se orientan a quitarle
la iniciativa a Uribe, contrarrestar las ofensivas contrainsurgentes,
frenar los planes de contención y obtener el reconocimiento
oficial de Gobiernos y Repúblicas.
El camino lo marcó el Presidente Venezolano al hacer
público el respaldo a las FARC, destacando su rol como
fuerza político- militar, ratificando su actividad
como oposición y alternativa política real,
y recalcando su incidencia en representación de un
significativo conglomerado de la sociedad colombiana. Se trata
además de establecer; de una vez por todas, que Colombia
es una nación inmersa en una guerra civil donde las
FARC es parte de las fuerzas insurgentes beligerantes. Que
las fuerzas revolucionarias oponen resistencia a la incursión
ignominiosa de tropas norteamericanas que en combinación
con el ejército títere, escuadrones de paramilitares
y los cuerpos de torturadores han desangrado al pueblo colombiano,
arrasando con sus derechos fundamentales y sumiéndolo
en el charco más repugnante del genocidio y el terror.
Encontrar momentos para darle a conocer al mundo que las FARC
proponen un cambio político, económico y social,
promulgan un camino para la justicia y la paz y, que incluso
ya lo hacen efectivo en territorios liberados donde se practica
un gobierno, una actividad productiva y una integración
comunitaria acorde con los principios de una nueva sociedad
sustentada en el bienestar común.
Posibilitar rutas de salida a la confrontación social,
política y militar en Colombia por medio de la gestión
de las personalidades liberadas. En ese sentido ya han dado
declaraciones en Europa denunciando al gobierno de Álvaro
Uribe por las dificultades, los obstáculos y la falta
de voluntad política para viabilizar un intercambio
humanitario. Han manifestado estar convencidas de la necesidad
de un relevo en el liderazgo del Estado colombiano, para que
se puedan alcanzar soluciones ciertas.
Las FARC buscan espacios posibles para un intercambio humanitario
seguro, integral y equilibrado. Las condiciones de una guerra
de liberación nacional implican, entre muchas cosas,
la captura de prisioneros y el secuestro de jerarcas políticos,
terratenientes, empresarios o magnates capitalistas. Entre
los factores estratégicos y tácticos que determinan
la razón para mantenerles cautivos, aludimos a la adquisición
de una garantía para libertar a los miles de presos
políticos, torturados, prisioneros de guerra y luchadoras
condenadas que se pudren en las ergástulas de la satrapía
impostada en Colombia.
La consigna del momento, la tarea del día y el lema
de agitación del movimiento revolucionario internacional,
es vigorizar la solidaridad con el pueblo colombiano verdadero.
El compromiso es asumir, como militantes antiimperialistas,
como combatientes bolivarianos, como internacionalistas, el
desafió cotidiano de abogar por la vida, plasmando
en actividades, iniciativas y retos nuestra motivación,
entusiasmo y espíritu solidario, con las FARC en particular,
y con el movimiento revolucionario y popular colombiano en
general.
Debemos elevar nuestros sentimientos más profundos
de apoyo mutuo, proyectar un rayo de ilusión y dar
nuestra cuota de calor humano por un intercambio humanitario
justo, equitativo y verdadero que propicie la ruptura de las
cadenas del régimen usurpador, libere a Colombia de
la voracidad mercenaria y de la ocupación pretoriana
de los Estados Unidos.
Oscar Barrantes Rodríguez
Miembro.
Asamblea del Pueblo
Comité Cívico de Occidente
Círculo Bolivariano yamileth López
San Ramón – Costa Rica
Febrero de 2008.
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