| TORPEDEO DE FRENTE Y FRANCOTIRADORES
EN LA RETAGUARDIA
En el teatro del movimiento social en los tiempos que corren
las cosas no son nada simples. Muy por el contrario son complejas
y enmarañadas; a veces confusas e inciertas. Cuando
reseñamos el movimiento estamos hablando de la dinámica
de acciones, actividades y las vivencias en general de las
organizaciones populares, gremios, sindicatos, uniones, federaciones,
centrales, confederaciones y coaliciones representativas de
todos los sectores sociales envueltos en las luchas más
diversas; desde las reivindicaciones locales más específicas
hasta las peleas regionales y nacionales, desde los conflictos
coyunturales de orden táctico hasta las colisiones
de carácter estructural y de naturaleza estratégica.
La lid social aflora históricamente preñada
del antagonismo y la conflagración política,
ambas se entrelazan y se mezclan inevitablemente dado que
en la órbita de la confrontación chocan clases,
capas, estratos y sectores sociales agrupados en alianzas,
frentes y movimientos que a su vez representan agendas de
lucha por derechos, plataformas y programas nacionales e internacionales
que reflejan contenidos, lineamientos y principios ideológicos
y representan posiciones y tesis políticas.
Es irrefutable que en la palestra de las batallas sociales
asoman los entretelones de la intencionalidad por posesionar
perspectivas y propósitos de fuerzas, partidos y colectivos
políticos y surge la innegable lucha por el poder;
o por la construcción de un nuevo poder, a partir de
la visión de los contingentes que se oponen al orden
establecido y proponen la construcción de alguna modalidad
de poder popular.
Por ahí, es indiscutible también la aparición
de la disputa ideológica la cual trasciende al debate;
en el mejor de los casos, o se convierte en un atropello más
de las clases sociales o grupos oligárquicos hegemónicos
y su ejercicio despótico aplicando abusivamente, mediante
todo su aparato de autoritarismo el dominio ideológico,
imponiendo una “verdad única”, poniendo
mordazas y haciendo desaparecer el debate y con ello la oposición
política.
Está claro que hablamos de la burguesía como
clase dominante y de las fracciones de la misma que ostentan
las riendas del Estado desde un gobierno o una tiranía,
que profesa el sentido efectivo de la dictadura de clase.
En ese rasgo de comprensión del planteamiento son entendibles
las manifestaciones de las formas de acceso al poder, de la
diversidad de formas de lucha política y de la expresión
electoral como una de ellas; pero, debiendo discernir que
en el entramado de la actividad por acceder a la construcción
de una nueva sociedad es innegable el florecimiento de distintas
vías y de una gama de formas y métodos para
romper las cadenas que oprimen a las masas desposeídas
y por la liberación de los pueblos.
En la arena política costarricense la oligarquía
instauró una institucionalidad, códigos y normas
que le aseguraran mantener control del Estado y le perpetuaran
en el poder. Es irrebatible el hecho de las dificultades,
enredos legales, trámites burocráticos, obligaciones
formales, recursos financieros, logísticos y operativos;
necesarios, etc.; que las clases proletarias, sectores populares;
es decir el pueblo humilde tuvo a lo largo de la historia
lejana y reciente para inscribir una papeleta o refrendar
un partido o agrupación política en nuestro
país. Un insoportable fastidio y una degradante tragedia
a la que se ha sometido a quienes se han aventurado por ese
callejón sin salida y han sufrido la afrenta de un
sistema eleccionario parcial, arbitrario e inicuo.
El modelo electocrático ha sido una farsa permanente
con la vestidura de democracia representativa, método
de engaño y añagaza para montar la tribuna de
la demagogia, la yedra espinosa; por escabrosa y corrompida,
por la que han trepado las mafias políticas y mercaderes
de toda laya, usurpando las instituciones estatales, saqueando
el patrimonio nacional y agarrándose al poder; en lo
que ha significado para el pueblo costarricense el cepo del
autoritarismo, que lo ha sumido en un mefítico pantano
de corrupción y en el vejamen más repugnante
e inmoral.
La mafiocracia en su cinismo perverso ha despojado de toda
credibilidad a tribunales, cortes, jueces y magistrados, ha
desacreditado las legislaciones, ha festinado reglamentaciones,
ha retorcido códigos, ha manipulado normativas, tergiversado
y falseado la propia “carta magna”, articulada
por la misma casta política gobernante. Han metido
sus garras roñosas en las urnas, han trampeado todo
proceso, han perpetrado todo tipo tretas para mentirle a la
población, han usado infinidad de trucos para adulterar
las condiciones de las contiendas. De tal forma se ha desestabilizado
el propio régimen, se ha agotado por sus mismas lacras
y sus vicios patológicos. El libertinaje permanente
de los aristócratas de la marrullería, de la
procacidad burguesa, de la contumelia oligárquica ha
llevado la fórmula electorera a una bancarrota irreversible.
Amplios sectores populares han hecho consciencia de una realidad
política en la que se confabulan partidos electoreros,
politicastros, dirigentuelos de toda especie y los intereses
de los potentados del capital vinculados a las corporaciones
transnacionales y los planes colonizadores del imperialismo.
Por eso ha aumentado en forma sustantiva el abstencionismo
y la repulsa a las campañas electorales, referendos
y cualquier intentona o propaganda de tornasoles eleccionarios.
En los últimos días nos hemos dado cuenta de
los debates suscitados en el seno de la CGT-Costa Rica acerca
de la bulla de los clarines electorales que, anuncian el nuevo
ultraje a la inteligencia y ofensa a la dignidad del pueblo
costarricense que pretenden todavía; si se los permitimos
, en el 2010. Hemos sabido que en esa discusión el
compañero Luís Salas, Secretario General de
UPINS, se ha pronunciado por el abstencionismo como respuesta
contundente a la dictadura existente, en resistencia al desprecio
rampante que los tiranuelos hermanos Arias le hacen al pueblo,
como repudio a los peleles de Washington y secuaces del gran
capital especulativo y de las transnacionales y, como propuesta
política valiente, honrada y madura.
Crear un movimiento del “NO VOTE” está
acorde con los tiempos y sería motivador de una alternativa
popular, autogestionaria, desde la llanura y que promueva
una plataforma hacia la construcción de la democracia
directa y un proyecto de poder popular. Consideramos que abstenerse
a concurrir a las prostituidas y fraudulentas urnas, es un
vistazo perspectivo y un acto de efectiva deslegitimación
del sistema dominante, es un grito de “nunca más
tropelía sobre el pueblo” y un viraje articulador
y optimo de salto y transición al cambio político
y hacia la urgente transformación social.
Conocemos que el compañero Salas ha mantenido consecuentemente
una posición que ya había sustentado cuando
salio a la luz aquel galimatías, maniobra legitimadora,
elemento desmovilizador y factor destructivo del movimiento
popular que denominaron referéndum para consulta del
mal llamado “tlc”. En aquella ocasión defendió
el criterio de oponerse a un procedimiento electivo inconstitucional,
que despertaba sospechas y aparecía fortuitamente;
como sacado de la manga, para institucionalizar y acabar con
una lucha popular y por la soberanía.
Con firmeza; en aquellos momentos, denunciamos las pretensiones
del ardid del referéndum y declaramos que el mismo
era una trampa para el movimiento popular y una mofa más
al pueblo. En efecto hubo una confabulación de la oligarquía,
las fracciones de la burguesía nacional estratégicamente
insertadas en el movimiento social, la embajada gringa y los
emires de las transnacionales con el objeto de quitarle la
iniciativa al pueblo combativo, bajarle la temperatura a la
confrontación, desvirtuar la movilización, anular
las decisiones de la calle y evitar; por lo menos temporalmente,
una derrota catastrófica que ya la fuerza popular les
estaba anunciando en la acción callejera. Junto a luchadores
como Luís Salas mantuvimos consistentemente nuestro
enfoque de lucha contra el “tlc” y rechazamos
en todo momento la burla canallesca de esa trama frauderendera.
El tiempo y los acontecimientos; muy a nuestro pesar, nos
dio la razón.
Pareciera que otra vez otra vez la memoria padece de flaqueza
y una serie de agrupaciones, paladinuelos y jerarquías
sindicales quieran tropezar en la misma piedra. Como que las
ambiciones y las comodidades les limara su determinación
de lucha y compromiso con los sectores sociales, que dicen
representar, y sus razonamientos los acercan a la concertación
y la conciliación con las clases dominantes. La fiebre
por la tarima electoral les ha contaminado la voluntad y el
entendimiento y, se carbonean hasta la saciedad en su desesperación
por explicar el sentido de la participación en la componenda
eleccionaria.
Se puede aducir que es válido aceptar las condiciones
que impone el orden burgués prevaleciente, ya que es
una posibilidad de llevar congresistas a la Asamblea Legislativa
y ediles a los Concejos Municipales. Además se invocan
subterfugios como la admisibilidad de todas las formas de
lucha y el respeto para quienes adopten; una u otra, negándose
autoridad moral para recriminarles, cuestionarles o fustigarles.
Sin embargo en términos generales la polémica
al respecto tiende a descarrilarse fácilmente.
Por una parte; habitualmente se olvida que, si bien nadie
duda de la probidad y certeza de la noción que aboga
por la aplicación y combinación adecuada de
todas las formas de lucha, es cierto también que frecuentemente
se deja de lado que; unas u otras, se desarrollan y se ponen
en tensión convirtiéndose en las fundamentales
o determinantes, según las variaciones de las condiciones
políticas y la caracterización de la época.
Por lo que unos métodos o formas de lucha deben priorizarse
y prevalecer bajo la premisa de potenciar las fuerzas y fortalecer
el ímpetu, el impulso y la pujanza del esfuerzo, golpe
o dirección de la actividad movilizadora o revolucionaria.
Por otra; usualmente hay una tendencia reincidente a soslayar
la identificación del período y se insiste en
lo electoral menoscabando y minimizando la acción de
calle, la movilización beligerante; en resumen, la
protesta social como vía que desemboque en rebelión
popular y cambio político.
El parlamentarismo fue una práctica para llegar a
las masas; un método para arañar curules pellizcando
esquinas en órganos del poder burgués y espacios
de agitación, denuncia y proyección utilizado
por distintas corrientes de izquierda y revolucionarias; muy
en boga desde los años veinte y hasta los ochenta del
siglo XX, época en la cual las circunstancias políticas
de algunos países consentían la suscripción
de tendencias contestatarias, socialistas o comunistas en
la tanda comicial y un contexto legal de cierta tolerancia
a la manifestación pública de los sectores populares.
Hubo connivencia o negociación con las clases sociales
imperantes y se complementaron algunas formas de lucha en
la palestra social y política.
Pero en la actualidad el escenario ha dado vuelta como giro
de molinete, la atmósfera política es turbia,
importantes sectores sociales han elevado su conciencia social
y política, el modelo electorero fue bombardeado por
sus mismos progenitores y zozobra irremediablemente en los
caldos de su propia descomposición y, la corporatocracia
imperialista y sus títeres criollos han redefinido
su estrategia de dominio y control. Prácticamente se
acabaron las licencias o beneplácitos para los de abajo,
para la izquierda, para las fuerzas revolucionarias y populares.
La doctrina neoliberal, la visión de seguridad nacional
de los EE.UU._ que no es otra cosa que la expansión
global de las legiones de la gendarmería del Pentágono_
los planes de control, contrainsurgencia, disuasión
civil y de “guerra preventiva”; pócima
macabra adoptada en los tenebrosos laboratorios de Washington
con los fétidos brebajes del artificioso “terrorismo”,
la lucha contra el narcotráfico, la inspección
de las migraciones, la delincuencia internacional, el espectro
del miedo y la psicosis de las masas en la ciénaga
del consumismo; los consensos o más bien dictados políticos
y económicos_ con fines expoliadores_ para obediencia
ciega de los gobiernos serviles, el injerencismo descarado,
las agresiones sanguinarias, el intervencionismo sañudo,
la criminal agresión militar, el ocupacionismo virulento,
el colonialismo galopante y la atroz esclavización
moderna de los pueblos demarcan en el panorama, los alardes
de una dictadura mundial de corte fascista jalando a rastras
al moribundo imperialismo con la mueca de muerte plasmada
en su fisonomía.
Cuando algunas organizaciones o tendencias populares y revolucionarias
expresamos nuestro pensamiento y exponemos propuestas y proyectos
de lucha basados en la movilización, la protesta social,
la acción combativa desde las calles y los campos y
la sublevación del pueblo a partir de su iniciativa
y, otras combinaciones; todo lo anterior lo planteamos fundándonos
en un concienzudo análisis de la realidad nacional
e internacional. A la vez argumentamos una profunda crítica
al vicio de las urnas, a la terquedad del voto inservible
y al electorerismo amañado, aberrante y desgastado;
no obstante, es persistente la tendencia de ciertas dirigencias
a descalificar, despreciar e irrespetar dicha posición
evidentemente loable, meritoria y de profunda coherencia con
los tiempos.
A nuestro entender estamos ante un acto inmaduro, desleal,
reprochable y tendencioso porque paralelamente se evade el
debate ideológico franco, edificante y de cara a la
gente que, a nuestro entender es el camino justo para avanzar
en la construcción del movimiento social y de las fuerzas
del cambio cierto que la época exige. El desafío
es adquirir la honestidad y la valentía para comprender
la modificación de la realidad política, el
reto es empaparse de humildad para aceptar las diversas corrientes
que se baten en marco de las contiendas sociales. Así
como se les admite críticamente a quienes siguen en
la cosa electoral; aún con las clarificadas apreciaciones
emitidas, es imperativa una actitud de respeto para las agrupaciones,
compañeros y compañeras que meditamos un enfoque
diferente para enfrentar la realidad y sobre las vías
de lucha.
Como dice el sabio pueblo “lo que es bueno para el
ganso es bueno para la gansa”, y al mirar con el mismo
prisma la polémica desatada en la CGT no podemos consentir
expresiones, voces destempladas, frases desafortunadas o evasivas
aleves e insultantes, es decir felonías como la esgrimida
por un compañero en la discusión de marras;
espetándole al compañero Luís Salas “
si no estas de acuerdo con la línea de participar en
los comicios del 2010 y te mantenés sosteniendo la
posición de llamar a la abstención, porque mejor
no te tirás del quinto piso”. (Las oficinas de
UPINS se encuentran el quinto piso del edificio del INS).
Este tipo de cosas tienen que desterrase del trato fraternal
y ecuánime entre organizaciones e integrantes del movimiento
social, sindical o popular.
Jamás podríamos adelantar en nuestros objetivos
revolucionarios por un camino tortuoso como el que se presenta
en esa página decadente en las oficinas de UPINS. Nos
asalta la preocupación sobre el papel y el talante
de un dirigente sindical que en una discusión política
supuestamente amistosa, apegada a la argumentación
de altura y honrada la emprende con humillaciones y provocaciones
contra el compañero Luís Salas, a quién
le conocemos por su estatura humana y su abnegación
en la lucha diaria.
¿Tales sermones son los insumos para un debate creativo,
amplio y propositito? ¿Esas diatribas son los nuevos
aportes a la teoría, a la ciencia y al arte de la política?
¿Verdad que sobran las palabras? Tengamos claridad
¿De qué lado estamos? Porque aunque alguien
se encuentre en tu trinchera no es garantía de confianza
absoluta. Flaco favor se le hace al movimiento popular y revolucionario
con invectivas de esa horma, más pareciera un francotirador
disparando a mansalva desde la retaguardia y poniendo sus
balas al servicio del enemigo.
Oscar Barrantes Rodríguez
Miembro:
Comité Cívico de Occidente
Asamblea del Pueblo
Círculo Bolivariano Yamileth López
San Ramón-Costa Rica
31 de julio de 2008.
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